
Fue aquel 4 de diciembre de 1977 en que los andaluces gritamos en la calle de nuestras ciudades que éramos un pueblo y teníamos, por ello, el derecho de tomar en nuestra manos el futuro, dotándonos de los instrumentos políticos necesarios para ello. En Sevilla, la histórica bandera que las hijas de Blas Infante habían guardado desde el asesinato de su padre, en aquel lejano verano del 36, salió de nuevo a la calle y fue la única bandera que encabezó la manifestación de cientos de miles de sevillanos desde el Prado hasta
Pasqual Maragall –un raro pero influyente socialista, culto y con ideas-, se pretende que admitamos de nuevo "una historia única de una España única que nunca ha existido".
Los incofesos predicadores del nacionalismo de Estado quieren convencernos de que la historia es una simple sucesión de hechos, concatenados y necesario como los eslabones de una cadena, cuando, por el contrario, se trata de un proceso no unilineal compuesto por encrucijada siempre con varios desemboques posibles. Quieren hacernos creer que la historia sólo es pasado, cerrado y muerto, cuando, en realidad, es una parte viva y cambiante del presente, ya que se trata de la interpretación que hacemos del pasado desde nuestro propios problemas, realidades y preguntas de hoy. Cuenta García Márquez que un día llegó a Macondo la peste del olvido y, poco a poco, las gentes se fueron internando en una estupidez sin pasado. Por ello perdieron los recuerdos, el nombre de las cosas y hasta la conciencia de su propia identidad. No hagamos de Andalucía una nueva Macondo. Activemos la memoria y rescatémonos del olvido a nosotros mismo. Un 4 de diciembre es, quizá, la mejor ocasión para ello.
Caparros, hermano, nosotros no te olvidamos.

Existen suficientes pruebas y testimonios de la existencia en Andalucía de una lengua romance, por otra parte bastante lógico en una tierra tan profundamente romanizada como fue la Bética. En un libro de un supuesto filósofo cordobés llamado Virgilio nos dice que en Andalucía había dos maneras de hablar latín, una "latinun circa romançum" o latín romanceado que entendía todo el mundo y un "latinum osbscurum" que sólo entendían los doptos y clérigos.A esta lengua romance , las crónicas de la época la denominan Aljamía. El término "aljamía" designa, en general, a la lengua no árabe, y que aplicado a lo que hablaban los andaluces y que algunos textos también designan como "latiní", era una lengua romance derivada del latín y que por influencia de la lengua culta del momento, el árabe, fue incorporando términos del árabe directamente o a través de una transformación fonética o por simple asociación de ideas o conceptos. En algunas ocasiones esta transformación sólo consistía en añadir el artículo árabe "al" a la palabra romance, o simplemente el vocablo aljamiado provenía de una deformación fonética de un vocablo árabe, que se ha adaptado a la pronunciación propia del pueblo. Complicado sería describir en poco espacio los mecanismos que han llevado a la consolidación de un habla. De todas maneras, el resultado de todas estas transformaciones, del latín al romance, o del árabe al romance, es la creación de una nueva lengua que se le denominó ALJAMIA. Esta lengua "vulgar" era la que conocía y empleaba todo el mundo en sus conversaciones familiares e informales,, no sólo los cristianos, sino también los musulmanes y judíos. Incluso el propio califa Abderrahman III lo empleaba como lo demuestra una anécdota recogida por R. Menéndez Pidal en Orígenes del Español "Entre los musulmanes también continúan usándose las dos lenguas. Abderrahman III y sus cortesanos bromean, improvisando versos en los cuales intercalan una frase española (sic) que sirve de rima". Por lo tanto, existía un perfecto bilingüismo (incluso trilingüismo entre los judíos) en la sociedad de Al-Andalus. Este bilingüismo, tanto de musulmanes como de cristianos cultos, era lo normal "Todos los escritores árabes españoles interesados en la nomenclatura de las cosas aluden a cada paso a la lengua romance usada entre ellos" nos dice Menéndez Pidal en su libro ORÍGENES DEL ESPAÑOL, y sigue contándonos "El hecho de carecer de este bilingüismo parece raro ; el cordobés Ben Házam (muerto en 1064), hablando de varias singularidades que en sus costumbres tenía la familia árabe de los Bali, establecida en Morón y en un pueblo al norte de Córdoba, dice como cosa chocante: Por lo que toca a su lengua, no saben hablar en latinía (o romance) sino exclusivamente en árabe". También, aunque no muy común, existían casos entre la alta sociedad andalusí de religión musulmana que no sabía hablar el árabe y sólo se expresaba en lengua aljamiada o romance, como se desprende de una anécdota del libro de Aljoxaní, escrito en el siglo X, "Historia de los jueces de Córdoba". Conferencia de Francisco García Duarte en Almenara, Sociedad Cultural Andaluza Barcelona, 9 de enero de 1999


